… Era la primera vez en la historia que un grupo de indígenas del Quiché se presentaba en el Parlamento para reivindicar un derecho, reclamando la permanencia del expulsado Luís y la liberación de los detenidos, Se habían levantado a favor de la revocación de la orden de expulsión. Habían ganado la primera batalla.
Pero las amenazas continuaron. “Una noche se presentaron en mi cuarto dos jóvenes colaboradores”:
- Te traemos un regalo- dijeron- para que te “protejas”.
Una enorme pistola apareció al desenvolver el paquete que traían. Luís nunca había visto una cosa así. Tardó en reaccionar. ¡Había armas!.
- Lo siento, Rogelio: lo siento, Hugo, pero no acepto esto. Si a mí me están acusando de subversivo, guerrillero y algún día me matan y la encuentran, ése será el pretexto.
No tardó mucho en presentarse la segunda batalla, cuando su superior, acompañado de los cuatro sacerdotes que componían el “Consejo del Superior” lo convocó para una reunión. Con solemnidad le dijo:
Guatemala estaba en vísperas de una guerra, y Luís estaba lejos de allí. Tras su exilio se sucedieron las detenciones y las torturas, y resurgió el movimiento guerrillero, cada vez más fuerte. Desde Canadá, donde se encontraba, viajó a El Salvador y Nicaragua, para encontrarse más cerca de Guatemala, donde consiguió entrar, aprovechando los periodos de confusión del país.
El hambre se había instalado en el campesinado, sobre todo entre los niños y los más débiles. La insurrección era ya una evidencia, y con ella vinieron los asesinatos de los insurrectos. La guerrilla se hizo más fuerte, y llamó a las puertas de Luís en varias ocasiones.
“ … La figura de Jesús que me enseñaron en el seminario no tenía nada que ver
con el que me iba encontrando en estas comunidades …”
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