…. Esos treinta hombres esperaban sin prisa una respuesta.
-Es algo que merece la pena intentar -respondió Luís con cautela- pero yo de esos asuntos no entiendo. Eso requiere una capacitación específica que yo no tengo.
-Bueno, padre, pues si no está preparado, lo mejor es que se prepare -le contestó Fabián, portavoz del grupo y su colaborador maya más inmediato.
Unas semanas después, en septiembre de 1962, llegaba a Canadá donde, en la Universidad de Nueva Escocia, estudió en profundidad cooperativismo, apoyado por sus superiores.
Nada más volver a Guatemala, Luís montó en Santa Cruz una cooperativa de ahorro y crédito, que actuaba como banco popular, donde acudían los campesinos cuando necesitaban dinero en efectivo, en sustitución de los especuladores “oficiales” que se los prestaban a elevadas tasas de interés con lo que nunca conseguían liberarse de ellos.
El sistema funcionaba. Otra cooperativa textil, de consumo, y otras más financieras se iban añadiendo una tras otra. Solo había un problema: este sistema chocaba con los intereses de las castas gobernantes. El movimiento que inició el misionero en el Quiché, incomodaba a los prestamistas y comerciantes ladinos.
Un día, un telegrama firmado por el Ministerio de Gobernación, llegó a la diócesis de Sololá, a la que pertenecía el Quiché: “Se le conceden al Padre Luís Gurriarán veinticuatro horas para salir del país”.
-¿Qué piensas hacer? -le preguntó el Vicario
- No me voy. Aunque me den veinticuatro horas, no me voy -contestó el misionero.
…..